La contención del fuego

Los materiales resistentes al fuego de alta calidad pueden marcar la diferencia entre «un incendio en un edificio» y «un edificio en llamas».

La importancia del foco del incendio

Ahora que los incendios se propagan a mucha mayor velocidad que hace 50 años, es fundamental que, en relación a la seguridad personal y el futuro uso del edificio, una vez que se haya declarado el incendio, este puede contenerse en la zona más reducida posible; lo que suele llamarse «el foco del incendio».

Después de que un incendio alcance el punto de combustión súbita, la única forma de evitar que envuelva zonas mucho más amplias del edificio desde dentro es asegurándonos de que las paredes, los techos, los suelos y las puertas del lugar del foco del incendio puedan soportar estar expuestos a un incendio declarado en un lado sin trasladar el calor, las llamas o los gases tóxicos al otro lado. El período de tiempo durante el cual será necesario contener el fuego dependerá del tamaño, la complejidad y la función del edificio.

Dicho eso, pasado el punto de inflamación, el calor del fuego es intenso y puede traspasar las ventanas, lo cual comporta el riesgo de que la fachada del edificio quede expuesta al fuego y, por lo tanto, este eluda el foco en el que estaba contenido. No obstante, si el sistema de la fachada, incluido el revestimiento y/o el aislamiento, estuviera compuesta de materiales no combustibles, las llamas podrían acabar llegando a las ventanas del piso de arriba igualmente, pero el proceso sería comparativamente mucho más lento ya que la fachada no contribuiría a la propagación del incendio (y el humo resultante).

El aislamiento de lana de roca, gracias a sus propiedades de resiliencia al fuego y su capacidad para contener un incendio, puede marcar la diferencia entre tener un incendio en un edificio o tener un edificio en llamas.

Cómo medir la resistencia relativa al fuego

La combinación de unos focos de contención efectivos del fuego, junto con sistemas de fachada no combustibles, contribuyen a que la propagación del fuego sea más lenta, con lo cual los ocupantes del edificio y el cuerpo de bomberos dispondrían de un mayor período de tiempo para huir del incendio y extinguir las llamas respectivamente. Esto es especialmente importante en edificios de altura media y alta.

Medir la resistencia relativa al fuego de las diferentes estructuras es un paso importante a la hora de garantizar que los edificios estén protegidos contra los incendios.  Con esta finalidad, la mayoría de normativas de seguridad contra incendios de todo el mundo han adoptado una curva de tiempo/temperatura que tiene un siglo de antigüedad y que es un modo contrastado y armonizado de testar el comportamiento de los materiales y los elementos de construcción en las peores situaciones posibles. Dado que el nivel es tan riguroso, la normativa de tiempo/temperatura ofrece un alto nivel de confianza de que los materiales y productos homologados como resistentes al fuego se comportarán tal y como se espera de ellos en incendios de características diferentes. 

El aislamiento de ROCKWOOL es un componente clave en los edificios resistentes al fuego. El aislamiento de lana de roca puede resistir temperaturas superiores a 1000 ºC y es esencialmente no combustible, por lo que puede ayudar a garantizar que un incendio en un edificio no se convierta en un edificio en llamas.